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Eros bow Musei Capitolini MC410

Escultura clásica de Cupido con su arco.

En la mitología clásica, Cupido (Latín: Cupīdō, "deseo") es el dios del deseo, amor erótico, atracción y afección. Suele representarse como el hijo de la diosa del amor Venus y del dios de la guerra Marte. También era conocido en latín como Amor. Su equivalente griego es Eros.

Aunque Eros suele representarse generalmente como un esbelto joven alado en el arte griego clásico, durante el periodo helenístico, se incrementó su representación como un chico regordete. Durante esta época, su iconografía adquirió el arco y la flechas que representaban la fuente de su poder: una persona, o incluso una deidad, disparada por una flecha de Cupido se llenaría de un deseo incontrolable. En los mitos, Cupido es un personaje menor que sirve solo para iniciar el argumento. Solo es el personaje principal en la leyenda de Cupido y Psique, cuando, herido por sus propias armas, experimenta la ordalía de amor. Aunque no se cuentan otras historias extendidas sobre él, su tradición es rica en temas poéticos y escenarios visuales, como "el amor lo conquista todo" y el castigo vengativo o la tortura de Cupido.

En el arte, Cupido suele aparecer multiplicado como los Amores, o amorini en la terminología posterior de la historia del arte, el equivalente de los erotes griegos. Los cupidos son un motivo frecuente tanto en el arte romano como en el arte occidental posterior de la tradición clásica. En el siglo XV, la iconografía de Cupido comienza ser indistinguible del putto.

Cupido continuó siendo una figura popular en la edad media, cuando bajo la influencia cristiana, solía tener la naturaleza dual como el amor terrenal y celestial. En el renacimiento, el renovado interés en la fislosofía clásica le otorgó significados alegóricos completos. En la cultura popular contemporánea, Cupido se muestra tensando su arco para inspirar amor romántico, a veces como icono del día de San Valentín.

Orígenes y nacimientoEditar

Ascoli Satriano Painter - Red-Figure Plate with Eros - Walters 482765

Plato de figuras rojas con Eros como un joven haciendo una ofrenda. (c. 340–320 a.C.) Museo de Arte Walters, Baltimore.

Los romanos reinterpretaron los mitos y conceptos sobre el Eros griego para Cupido en su propia literatura y arte, y los mitógrafos renacentistas suelen combinar libremente a los dos. En la literatura y arte, Eros tenía una genealogía dual y contradictoria. Estaba entre los dioses primordiales que se crearon asexualmente; tras su generación, las deidades se engendraron a través de uniones masculinas-femeninas. En la Teogonía de Hesiodo, solo Caos y Gea son mayores. Antes de la dicotomía de género, Eros funcionaba causando que las entidades separaran de sí mismas lo que ya contenían.

Al mismo tiempo, el Eros era representado como un chico o joven esbelto considerado el hijo de una pareja divina, cuya identidad variaba según la fuente. El influyente mitógrafo renacentista Natale Conti comenzó su capítulo sobre Cupido/Eros declarando que los propios griegos no estaban seguros de su parentesco: Urano y Gea, Ares y Afrodita, Nix y Éter, o Eris y Céfiro. Señala que el escritor viajero griego Pausanías se contradice al decir que Eros dio la bienvenida a Afrodita al mundo y que Eros era el hijo de Afrodita, así como el más joven de los dioses.

En la literatura latina, Cupido suele tratarse como el hijo de Venus sin mención a un padre. Séneca dice que Vulcano, como esposo de Venus, es el padre de Cupido. Sin embargo, Cicerón dice que había tres Cupidos así como tres Venus: el primer Cupido era el hijo de Mercurio y Diana, el segundo de Mercurio y la segunda Venus, y el tercero de Marte y la tercera Venus. Este último Cupido era el equivalente de Anteros, "Anti-amor", uno de los Erotes, los dioses que personifican los aspectos del amor. Los múltiples Cupidos retonzando en el arte son la manifestación decorativa de estos amores y deseos proliferativos. Durante el renacimiento inglés, Christopher Marlowe escribió de "diez mil Cupidos"; en la mascarada nupcial Hymenaei de Ben Jonson, "un millar de amores de varios colores...brincan sobre la sala nupcial".

En la tradición clásica tardía, Cupido suele considerarse el hijo de Venus y Marte, cuya relación amorosa representaba una alegoría de Amor y Guerra. La dualidad entre el Eros primordial y el concebido sexualmente acomodaba conceptos filosóficos de amor celeste y terrenal incluso en la época cristiana.

Atributos y temasEditar

La presencia de alas se debe a que los amantes son caprichosos y cambian con facilidad sus opiniones, y es un chico porque el amor es irracional. Sus símbolos son las flechas y las antorchas, "porque el amor hiere e inflama el corazón". Estos atributos y su interpretación se establecieron en la antigüedad tardía y fueron resumidos por Isidoro de Sevilla (d. 636 d.C.) en su Etymologiae. Los ojos vendados y las descripciones de su ceguera, no en el sentido de ausencia de visión - ya que ver a la persona amada puede ser un estímulo para el amor - se deben a su estrechez de miras y arbitrariedad. Como describía Shakespeare en Sueño de una noche de verano (Década de 1590):

Cita inicioAmor ve con la mente, no con la vista; por eso a Cupido dios ciego lo pintan. Y no es que a su mente la guíe el cuidado, que alas y ceguera hablan de arrebatos. Por eso se dice que Amor es un niño, pues ha errado mucho con quien ha elegido. Cita final

~ Sueño de una noche de verano[1]
Botticelli-primavera

La primavera (1482) de Botticelli

En La primavera (1482) de Botticelli, Cupido se muestra con los ojos vendados mientras dispara su flecha, situado sobre la figura central de Venus.

En particular, en el antiguo arte romano, Cupido también puede llevar o estar rodeado de frutas, animales o atributos de las estaciones o el dios del vino Dioniso, simbolizando la capacidad generadora de la tierra.

FlechasEditar

Lleva dos tipos de flecha, una con una afilada punta dorada y otra con una punta roma de plomo. Una persona herida por la flecha dorada se llena de deseo incontrolable, mientras que la herida por la de plomo siente aversión y solo desea huir.

El uso de estas flechas es descrita por el poeta latino Ovidio en su primer libro de Metamorfosis. Cuando Apolo se burla de Cupido como un arquero menor, Cupido le dispara con la flecha dorada pero golpea a su objeto de deseo, la ninfa Dafne, con el plomo. Rechazando las intenciones de Apolo, Dafne reza a su padre, el dios fluvial Peneo, que la convierte en un laurel, árbol sagrado de Apolo. Es el primero de las distintas relaciones fracasadas o de amor trágico de Apolo.

Se encuentra una variante en The Kingis Quair ("El libro del rey"), un poema del siglo XV atribuido a Jacobo I de Escocia, en la que Cupido tiene tres flechas: oro, para un golpe suave que se cura fácilmente; la irresistible plata; y acero, para una herida de amor que nunca se cura.

AbejasEditar

Cranach, Cupid Complaining to Venus

Cupido el ladrón de miel, de Lucas Cranach el viejo.

En la leyenda de Cupido y el ladrón de miel, el dios niño es picado por abejas cuando roba miel de su colmena. Llora y corre a su madre Venus, quejándose de que una criatura tan pequeña no debería causar heridas tan dolorosas. Venus se ríe y señala la justicia poética: él es demasiado pequeño, y aún así reparte el aguijón de amor.

La historia fue contada primero sobre Eros en Idylls de Teócrito (siglo III a.C.). Fue contada numerosas veces en el arte y poesía durante el renacimiento. El tema concluyó el ciclo poético Amoretti (!595) de Edmund Spenser, y adornó el tema de al menos veinte obras de Lucas Cranach el viejo. El poeta y clasicista alemán Karl Philipp Conz (1762-1827) enmarcó la leyenda como Schadenfreude ("obteniendo placer del mal ajeno") en un poema del mismo título. En una versión de Gotthold Ephraim Lessing, un escritor de la ilustración alemana, convierte a Cupido en una abeja:

Cita inicioA través del aguijón Amor se hizo más sabio.
El seductor incansable
urdió otro plan de batalla:
se ocultó bajo los claveles y rosas
y cuando una doncella vino a recogerlos,
voló como una abeja y le picó. Cita final

~ Gotthold Ephraim Lessing


La imagen de Cupido como abeja es parte de una compleja tradición de imágenes poéticas que implican la flor de la juventud, el aguijón de amor como desfloración, y la miel como secreción de amor.

DelfinesEditar

Tanto en el arte antiguo como posterior, Cupido suele mostrarse como un delfín. En un antiguo sarcófago romano, la imagen puede representar el viaje del alma, originalmente asociada con la religión dionisíaca. Un mosaico de la bretaña romana tardía muestra una procesión emergiendo de la boca del dios del mar Neptuno, primero delfines y luego aves marinas, ascendiendo a Cupido. Una interpretación de esta alegoría es que Neptuno representa el origen del alma en la materia de la que se creó la vida, con Cupido triunfante como el destino deseado del alma.

En otros contextos, Cupido con un delfín se repite como un motivo lúdico, como en unas esculturas en los jardines en Pompeya que muestra a un delfín rescatando a Cupido de un pulpo, o Cupido sosteniendo un delfín. El delfín, a veces elaborado fantásticamente, puede ser construido como un canalón para una fuente. En una fuente de la era moderna en el Palazzo Vecchio, Florencia, Italia, Cupido parece estar estrangulando un delfín.

Los delfines se mostraban con frecuencia en la antigüedad como amistosos con los humanos, y el propio delfín puede representar afecto. Plinio registra una historia de un delfín en Puteoli llevando a un chico en su lomo a través del lago para ir cada día al colegio; cuando el chico murió, el delfín murió de pena.

En las escenas eróticas de la mitología, Cupido montando el delfín puede mostrar la rapidez con la que se mueve el amor, o el Cupido a horcajadas sobre una bestia marina puede ser una presencia tranquilizadora en el paseo salvaje del amor. Un Cupido cabalgando un delfín puede aparecer en escenas que muestren la boda de Neptuno y Anfítrite o el Triunfo de Neptuno, también conocido como el tíaso marino.

Demonio de fornicaciónEditar

Para adaptar el mito al uso cristiano, los mitógrafos medievales lo interpretaron moralmente. En su opinión, Cupido puede verse como un "demonio de fornicación". El innovador Teodulfo de Orleans, que escribió durante el reinado de Carlomagno, reinterpretó a Cupido como una personalidad seductora pero maliciosa que se aprovecha del deseo para arrastrar a la gente al inframundo alegórico del vicio. Para Teodulfo, el carcaj de Cupido simbolizaba la mente depravada; su arco, las tretas; sus flechas, el veneno; y su antorcha, la pasión ardiente. Era apropiado representarlo desnudo para no ocultar su engaño y maldad.

Cupido durmienteEditar

WLA vanda Sleeping Cupid

Cupido durmiente sobre una piel de león (1635-40) de bronce, firmado F, basado en el mármol atribuido a Praxíteles.

El Cupido durmiente se convirtió en el símbolo de amor ausente o languideciente en la poesía y arte renacentistas, incluyendo el Cupido durmiente (1496) de Miguel Ángel, que ahora está perdido. El tipo antiguo se conocía en la época por las descripciones de la literatura clásica, mostrándose al menos un ejemplo conservado en el jardín de escultura de Lorenzo de Medici desde 1488. En el siglo I d.C., Plinio había descrito dos versiones de mármol de Cupido (Eros), uno en Tespias y otro desnudo en Pario, donde era un objeto cubierto de fascinación erótica.

La obra de Miguel Ángel fue importante para establecer la reputación del joven artista, que entonces solo tenía veinte años. A petición de su mecenas, aumentó su valor haciéndolo parecer deliberadamente "antiguo", creando "su falsificación más notoria". Tras conocerse el engaño, se mostró el Cupido durmiente como prueba de su talento junto un mármol antiguo, atribuido a Praxíteles, de Cupido durmiendo sobre una piel de león.

En la poesía de Giambattista Marino (d. 1625), la imagen de Cupido o Amore durmiento representa la indolencia del amor en el regazo de Ociosidad. Un madrigal de su rival literario, Gaspare Murtola, exhortaba a los artistas a pintar el tema. Un catálogo de obras de la antiguedad coleccionados por la familia Mattei, mecenas de Caravaggio, incluía bocetos de cupidos durmientes basados en la escultura del templo de Venus Erycina en Roma. Caravaggio, por cuyas descripciones de sus obras es conocido Murtola, tomó el desafío con su Cupido durmiente (!608), una incómoda representación de un niño enfermo, inmovilizado con "piel ictérica, mejillas enrojecidas, labios y orejas azulados, el pecho demacrado y vientre hinchado, los músculos atrofiados y articulaciones inflamadas". Se cree que el modelo había sufrido artritis reumatoide juvenil. El Cupido durmiente de Caravaggio fue reconcebido como un fresco por Giovanni da San Giovanni y el tema recurrido a través de las obras romanas e italianas del periodo.

El amor todo lo venceEditar

Amor Vincet Omnia

Amor Vincit Omnia de Caravaggio

Anteriormente en su carrera, Caravaggio había desafiado sensibilidades contemporáneas con su Amor victorioso "sexualmente provocativo y anti-intelectual", también conocido como El amor todo lo vence (Amor Vincit Omnia), en el que el Cupido desnudo descaradamente pisotea emblemas de la cultura y erudición representando la música, arquitectura, la guerra y la erudición.

El lema viene del poeta augustino Virgilio, escribiendo a finales del siglo I a.C. Su colección de Églogas concluye con la que puede ser su línea más famosa: Omnia vincit Amor: et nos cedamus Amori ("El amor todo lo vence, y así nos rendimos nosotros mismos al amor"). El tema también también se expresaba como el triunfo de Cupido, como en I trionfi de Petrarca.

Cupido romanoEditar

Altar Mars Venus Massimo n4

Base fragmentada del altar de Venus y Marte, mostrando cupidos manejando las armas y el carro del dios de la guerra, del reino de Trajano (98–117 AD)

El antiguo Cupido romano era un dios que personificaba el deseo, pero no tenía templos ni prácticas religiosas independientes de otras deidades romanas como Venus, a quien suele acompañar a un lado en las estatuas de culto. Un Cupido puede aparecer entre las varias estatuillas para la devoción privada en un santuario del hogar, pero no hay una distinción clara entre las figuras para la veneración y aquellas para el arte o la decoración. Los templos romanos solían servir, como función secundaria, como museos de arte, mencionando Cicerón que una estatua de "Cupido" (Eros) de Praxíteles había sido consagrada en el sagrario y había recibido veneración religiosa junto con Hércules. Una inscripción de Cártama en la España romana registra estatuas de Marte y Cupido entre las obras públicas de una rica sacerdotisa (Sacerdos perpetua), y otra lista de donaciones por un procurador de Bética incluía unas estatuas de Venus y Cupido.

Cupido se volvió más común en el arte romano de la época de Augusto, el primer emperador romano. Tras la batalla de Accio, cuando fueron derrotados Antonio y Cleopatra, Cupido transfiriendo las armas de Marte a su madre Venus se convirtió en un motivo de las imágenes augustinas. En la Eneida, la épica nacional de Roma del poeta Virgilio, Cupido se disfraza de Yulo, el hijo de Enéas que a su vez era hijo de Venus, y en esta forma engaña a la reina Dido de Cartago para enamorarse del héroe. Le da puerto seguro a Enéas y a su banda de refugiados de Troya, solo para ser abandonada por él al cumplir su destino de encontrar Roma. Yulo (también conocido como Ascanio) se convierte en el fundador mítico de la familia Juliana de donde proviene Julio César. Augusto, el heredero del César, conmemoró a un querido bisnieto que murió de niño representándol como Cupido, dedicándole una estatua en el templo de Venus en la colina Capitolina y manteniendo una en su dormitorio donde la besaba por la noche. Un hermano de este niño era el emperador Claudio, cuya madre Antonia aparece representada en una escultura conservada de Venus, con Cupido en su hombro. El Augusto de Prima Porta está acompañado por un Cupido cabalgando un delfín. Los grupos de cupidos aparecían en frisos del templo de Venus Genetrix (Venus como "Madre procreadora"), e influyeron las escenas de los relieves de otras obras como los sarcófagos, particularmente aquellos de niños.

Giovanni Battista Tiepolo - Aeneas Introducing Cupid Dressed as Ascanius to Dido - WGA22337

Eneas presentando a Cupido disfrazado como Ascanio a Dido (1757) por Tiepolo.

Como figura alada, Cupido compartía algunas características con la diosa Victoria. En las monedas acuñadas por el dictador Sula, Cupido lleva una rama de palma, el atributo más común de Victoria. "Deseo" en la cultura romana solía unirse al poder así como a la atracción erótica. Los historiadores romanos critican el cupido gloriae, "deseo de gloria", y cupido imperii, "deseo por el poder gobernante". En el discurso filosófico romano, cupido es el equivalente del griego pothos, un foco de reflexiones sobre el significado y la carga del deseo. En la representación del "amor piadoso" (amor pius) de Niso y Euríalo en la Eneida, Virgilio hace preguntarse a Niso: "¿Serán por ventura los dioses los que infunden este ardor [cupido] en mi espíritu, o tal vez cada cual se forja un dios de sus ciegos apetitos?"[2]

En la física del sexo de Lucrecio, cupido puede representar la lujuria humana y el instinto animal de copular, pero también el impulso de los átomos de unirse y formar materia. En la fascinación erótica de los gladiadores, que a veces se sexualizaban con nombres como Cupido, se encuentra una asociación entre sexo y violencia.

Cupido era el enemigo de la castidad, siendo opuesto por el poeta Ovidio a Diana, la dioa virgen de la caza, que como él, lleva un arco, pero odia las flechas provocadoras de pasión de Cupido. Cupido también está enfrentado con Apolo, el hermano arquero de Diana y patrón de la inspiración poética, cuyas relaciones amorosas siempre terminaron desastrosamente. Ovidio culpa a Cupido por hacerle escribir poesía amorosa en vez de una épica más respetable.

Cupido y PsiqueEditar

Vouet-Psyché-Lyon

Psyché et l'amour (1626–29) de Simon Vouet: Psique levanta una lámpara para ver al Cupido durmiente.

La historia de Cupido y Psique aparece en el arte griego desde el siglo IV a.C., pero la fuente literaria más extensa de la leyenda es la novela latina Metamorfosis, también conocida como El asno de oro, de Apuleyo (siglo II d.C.). Trata la superación de obstáculos en el amor de Psique ("Alma" o "Aliento de vida") y Cupido, y su unión definitiva en matrimonio. La fama de la belleza de Psique amenaza con eclipsar la de la propia Venus, y la diosa del amor madna a Cupido a realizar su venganza. Sin embargo, Cupido se enamora de Psique y se dispone a llevársela a su palacio. Él la visita por la noche, advirtiéndole con no intentar mirarlo. Las envidiosas hermanas de Psique la convencen de que su amante debe ser un monstruo espantoso, introduciendo finalmente una lámpara en su cámara para verlo. Sorprendida con su belleza, derrama el aceite caliente de su lámpara y lo despierta. Él la abandona. Ella vaga por la tierra buscándolo, sometiéndose finalmente a los servicios de Venus, quien la tortura. La diosa entonces envía a Psique a una serie de misiones. Se desespera en cada una de ellas, así como recibe también ayuda divina en estas. En su tarea final, debe recuperar una dosis de la belleza de Proserpina del inframundo. Tiene éxito, pero en su camino de vuelta no puede resistirse a abrir la caja con la esperanza de beneficiarse de ella, con lo que cae en un sueño tórpido. Cupido la encuentra y la revive devolviendo su sueño a la caja. Cupido le otorga la inmortalidad para que puedan casarse como iguales.

La historia tiene elementos neoplatónicos y alusiones a religiones mistéricas para acomodar múltiples interpretaciones, habiendo sido analizada como una alegoría y en el punto de vista de una leyenda popular, Märchen o cuento de hadas, y mito. A veces presentado como una alegoría del amor superando a la muerte, la historia era una fuente frecuente de imágenes de los sarcófagos romanos y otras formas de arte existentes en la antigüedad. Desde el descubrimiento de la novela de Apuleyo en el renacimiento, la recepción de Cupido y Psique en la tradición clásica ha sido extensa. La historia ha sido recontada en la poesía, drama y ópera, y representada ampliamente en la pintura, escultura y distintos medios.

ReferenciasEditar

  1. Shakespeare, William. Sueño de una noche de verano, pp. 7. Consultado el 28 de julio de 2016.
  2. Marón, Publio Virgilio. Eneida. Consultado el 3 de diciembre de 2017.
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